Casa Parrado – Puerto Blanco (3 Feb 08) JC

A VER QUIEN NO ENCUENTRA SU GUSTO
febrero 2, 2008
febrero 4, 2008

Casa Parrado – Puerto Blanco (3 Feb 08) JC

Los Veretones más madrugadores estábamos a las 0730 en la Shell. JJ, después de 1 mes de baja por gripe, Luís, Ariza, David Puertas y Fernández y el menda lerenda.

Con la pobre luz de nuestros focos nos adentramos en el tenebroso pinar que pasa al norte del cementerio nuevo, carril que, según nuestro historiador, Puertas, sirvió para que los ingleses pudieran llevar por vía férrea los tesoros de la mina del Peñoncillo hasta el centro de nuestra querida Marbella, hace más de un siglo.

El grupo manda, y para ahorrar tiempo subimos por la carretera nueva hasta el Puerto de Ojén a un buen ritmo. Coronamos a las 0830, en poco más de 50 min.

En la bajada por Purla a estas horas y en esta época el frió cala hasta los huesos. Pero eso dura poco. Rápidamente empezamos a subir de nuevo hasta el Puerto de las Viñuelas, dónde el grupo se divide, igual que el camino. Puertas y Ariza siguen la vuelta a las Sierras Canucha y Blanca. El resto tomamos dirección norte, hacia el Puerto de las Golondrinas.
Rápidamente, tras un par de rampas, llegamos a Casa Parrado, antigua venta de arrieros. Atrás queda, a la izquierda, el cruce de la Fuente de las Ciervas, con un carril que también baja a Río Verde siguiendo el curso del Arroyo de las Ciervas, aventura pendiente para otro día.

Justo enfrente de la casa Parrado sale un carril al que una cadena impide el paso motorizado. Es el que tomamos nosotros para bajar hasta Puerto Blanco. El sitio no tiene pérdida porque es el único cruce que hay desde Casa Parrado. El nombre le viene porque el suelo es de color blanco, posiblemente por la presencia de cal en la tierra. El carril de la derecha lleva al monte del Albornoque. Nosotros giramos a la izquierda.

A la vuelta de una curva, de repente, sin previo aviso, aparece el caserón. (Fotos de archivo cedidas por Puertas – 1989)

Se trata de un impresionante cortijo muy antiguo que sorprende por muchos motivos:

En primer lugar su tamaño, de doble planta, con una cuadra aparte para las caballerías, con lavadero, con lo que parece una pequeña ermita…
Todas las estancias con chimenea, patio interior…. y todo ese lujo en una casa con muchos, muchos años, en mitad de una sierra perdida y recóndita en el margen de río Verde.

Por si fuera poco, en mi opinión, lo mejor de la casa es su enclave. Está situada en lo alto de una loma desde dónde la vista es sobrecogedora:


al Sur las Sierras Canucha y Blanca, con Istán a las faldas de la Concha.
Al oeste la mole del Plaza de Armas, separado por el profundo valle de río Verde. Incluso se acierta a ver la cima de Montemayor en Benahavís y la Casa del Balatín.

Al norte el Torrecilla… y todo en mitad de un frondoso alcornocal. El cortijo ahora sirve de corral de cabras y su interior se encuentra en un lamentable estado de conservación.


Borrachos todavía por la hermosura de la casa, seguimos nuestro camino hacia el oeste.
Era la primera vez que hacíamos este camino y no descartábamos alguna sorpresa, como de hecho, sucedió.Sobre el mapa a partir de la casa el carril se torna “verea”. En la realidad está prácticamente desaparecida en muchos de sus tramos por el desuso.
Si a esto añadimos que la verea original baja la ladera, prácticamente a “trocho mocho”, el resultado es un grupo de 4 ciclistas, pie a tierra, con jaras hasta la cintura y con unas pendientes de más del 20% en las que sólo mantenerse de pie con los zapatos de ciclista ya tiene mérito, no te digo nada cuando, además, tienes que sujetar la bici que continuamente se empeña en atender la llamada de la fuerza de la gravedad y enfilar ladera abajo a toda máquina…

David Fernández tomó la cabeza y tal cual buen sabueso, rastreaba el horizonte en búsqueda de la Vereita perdida… De esta guisa, veo como, de repente, sube a su montura y empieza a bajar, gritando como un poseso: ” La Vereita… La Vereita… aquí está La Vereita !!! “

Montando en pequeños tramos y a pie casi todo el tiempo bajamos el Kilómetro y medio largo de ladera. La Vereita se perdía como el Guadiana, enterrada en jaras, cantuesos recién florecidos y algún que otro jerguen que a la postre pasaría factura.

El final de esta Vereita nos condujo directamente a la Casa Palomera.A partir de aquí el camino ya nos es conocido. Lo tenéis descrito en la entrada de la Charca del Canalón. Tras iniciar la subida que nos llevaría desde río Verde hasta el carril que rodea la Sierra, David recogió el fruto del jerguen: pinchazo. Tras sustituir la cámara e iniciar la marcha descubrimos que mi rueda trasera también estaba pinchada…
Los minutos iban pasando. Tras una rápida bajada de Istán, al final acumulamos un retraso de 40 min. sobre la hora de llegada prevista. A las 12:10 nos encontramos con Félix en el Pirulí.

Pese al rato que estuvimos a pie, conseguimos una velocidad media muy buena. La bici-aventura mereció la pena, porque nuestra retina quedó impresionada con magníficos paisajes y nuestra ropa impregnada de los aromas del campo.
El caserón se me antoja un sitio fabuloso para llevar a nuestros hijos y señoras paseando desde Casa Parrado, con tortilla y mantel.

Bájate aquí el track para tu GPS y recuerda:

Nos vemos en “La Vereita”
JC

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