Abres el buscador, escribes «hotel Roma agosto» y, antes de que termines de teclear, ya aparecen precios que te dejan sin palabras. Doscientos cincuenta euros la noche. Trescientos. Cuatrocientos por algo que en cualquier otra ciudad sería un tres estrellas discreto. Ahí fue cuando un romano con quien había coincidido en un viaje anterior me mandó un mensaje que cambió por completo mi manera de plantear ese viaje: «Nadie que conozca Roma se queda dentro de Roma en agosto».
Lo esencial
- Un contacto local le propone una alternativa que cuestiona todo lo que sabía sobre visitar Roma en verano
- Los romanos llevan siglos huyendo de la ciudad en agosto hacia unos pueblos que prácticamente nadie conoce
- La diferencia de precio es tan radical que termina cancelando su reserva de hotel en el centro
El agosto romano: demasiado calor, demasiada gente, demasiado precio
Antes de entender la alternativa, conviene tener claro a qué nos enfrentamos. En pleno verano, los meses de junio, julio y agosto, hace mucho calor en Roma y las temperaturas alcanzan más de 30 grados, con el número de visitantes llegando a su punto más alto. No solo eso: julio y agosto en Roma pueden superar fácilmente los 35 °C. Pasear por el Foro Romano a las dos de la tarde en esas condiciones no es turismo cultural, es resistencia física.
A esto se suman los precios. Los hoteles en Roma no son baratos, y generalmente los más económicos suelen ser viejos y pequeños. Los precios varían y suben bastante en temporada alta y fines de semana. Y el resultado es predecible: el verano es la temporada de mayor afluencia turística en Roma, por lo que es posible que encuentres más colas y aglomeraciones en las atracciones turísticas, o incluso los tickets agotados en días puntuales si no tienes reserva.
Los propios turistas ya lo saben y se adaptan como pueden. Hay viajeros que adaptan su itinerario al calor y salen a descubrir Roma temprano, muy tarde… o bajo tierra. Algunos reconocen: «Si hubiéramos podido posponer nuestro viaje, lo habríamos hecho, pero ya lo teníamos todo reservado». Unas 300.000 personas exploran en verano las numerosas criptas, cuevas y catacumbas que abundan en Italia. Bajar a las catacumbas para escapar del sol ya dice algo sobre el estado del turismo romano en agosto.
Lo que hacen los italianos: la «villeggiatura» de toda la vida
Para los italianos, agosto es por excelencia la época de la «villeggiatura», las vacaciones: el término procede de la Venecia Renacentista, cuando los nobles se iban a sus villas de recreo fuera de la ciudad para pasar un tiempo de relax. La tradición tiene siglos. Y hoy, las cosas no han cambiado: los romanos hacen exactamente lo mismo, abandonan la cálida y soleada ciudad y se refugian en el mar o en la montaña, porque la fiesta es sagrada.
Y así es exactamente como lo vive mi contacto romano. Él y su familia llevan años yendo a los Castelli Romani, esa cadena de pueblos en los montes Albanos que rodean Roma a apenas 20 o 30 kilómetros de distancia. Los Castelli Romani combinan naturaleza, historia, gastronomía y cultura local de una manera muy diferente a Roma, a pesar de estar a solo 20 o 30 minutos. Son una colección de encantadores pueblos en lo alto de colinas volcánicas, rodeados de viñedos y bosques frondosos. El paisaje es más verde, más fresco y más relajado que Roma. Los propios romanos lo saben desde siempre: el nombre Castelli Romani refleja su historia como lugar de retiro veraniego predilecto, donde las familias aristocráticas construían residencias para escapar del calor de la ciudad.
Los pueblos más conocidos de la zona son Frascati, Castel Gandolfo y Grottaferrata. Frascati, antaño lugar de veraneo de los nobles romanos, es hoy un refugio tranquilo y verde de la bulliciosa Roma y uno de los destinos de fin de semana favoritos entre los residentes en la capital. Nada accidentado esto: los romanos llevan eligiéndolo desde antes de que existieran los buscadores de hoteles. Castel Gandolfo, famoso por la residencia estiva de los Papas, es también lugar de vacaciones predilecto de los romanos junto al lago Albano.
Los Castelli Romani: dónde dormir como un local (y por qué merece la pena)
La diferencia de precios respecto al centro de Roma es significativa. Mientras que en la capital un hotel de categoría media en agosto puede rozar fácilmente los 200 o 250 euros la noche, en los Castelli Romani la oferta de agriturismos con piscina, jardín y desayuno funciona en una franja muy distinta. Frascati, Ciampino y Castel Gandolfo son las zonas más populares de la comarca, y el precio medio por noche para un hotel de tres estrellas ronda los 134 dólares.
El agriturismo (la granja-hotel italiana) es el formato que los locales dominan a la perfección. Algunos se encuentran en la región vinícola de los Castelli Romani, a unos 40 km de Roma, rodeados de viñedos y olivares donde se produce aceite y vino de calidad. Entre lagos volcánicos y bosques frondosos, a dos pasos de la capital, los agriturismos son la alojamiento perfecto para vivir lejos del caos ciudadano, inmersos en la naturaleza, la buena comida y la atmósfera silenciosa de las colinas.
La gastronomía de la zona, por cierto, es una razón de peso por sí sola. Los productos típicos de los Castelli Romani incluyen los vinos DOP de Velletri, Frascati y Marino, el pan IGP de Genzano, la porchetta de Ariccia y las fresas de Nemi. Comer bien y barato, con ese vino blanco fresco de Frascati que parece hecho para las tardes de agosto. Eso es exactamente lo que los romanos buscan cuando huyen de su ciudad.
Cómo organizarlo: Roma desde los Castelli Romani
La pregunta práctica es evidente: si te alojas fuera, ¿puedes seguir viendo Roma? La respuesta es sí, y más cómodo que desde dentro. Tomando un tren de 30 minutos desde Roma, llegas a Frascati, una de las ciudades en las colinas conocidas colectivamente como los Castelli Romani. Viajar de Roma a Frascati en tren es rápido y cómodo, en solo 30 minutos. Sales del agriturismo cuando quieras, llegas al centro histórico romano antes de que el calor apriete, y vuelves a las colinas a la hora de la siesta. Mientras los demás turistas maldicen el asfalto ardiente a las dos del mediodía, tú estás en la piscina con una copa de vino blanco.
Lo mejor de este planteamiento es que también funciona a la inversa: puedes pasar varios días explorando los propios pueblos de los Castelli Romani sin pisar Roma. Puedes recorrer los Castelli Romani en una excursión de medio día con guía, visitando Castel Gandolfo junto al lago Albano, Rocca di Papa, Grottaferrata y Frascati.
Hay algo que los datos de viaje no capturan del todo: la sensación de llegar a Roma por la mañana temprana desde un pueblo tranquilo, con el espíritu descansado y sin el agotamiento que genera estar en medio del caos turístico 24 horas al día. Los locales reducen el ritmo por la tarde: sígueles el ejemplo y evita salir durante las horas más calientes. Eso, que en el centro de Roma es casi imposible de cumplir (siempre hay otra cosa que ver, otra cola en la que no quedarse), desde un agriturismo en las colinas se cumple solo.
Quizás la pregunta más interesante que surge de todo esto no sea si merece la pena alojarse fuera de Roma en agosto, sino cuántos otros destinos europeos estamos disfrutando de la peor manera posible simplemente porque esa es la forma en que los turistas lo hacen, no la forma en que vive la gente de allí.
Sources : udgtv.com | diariolibre.com