Crucé Marruecos en tren nocturno por 14 € y casi me arrepiento: la guía que nadie te da antes de subir

Son las nueve de la noche. Estás en el andén de la estación de Tánger con la mochila al hombro, el billete en el móvil y la satisfacción de haber pagado poco más de 14 euros por cruzar Marruecos de norte a sur mientras duermes. Suena bien, ¿verdad? Lo es. Pero hay cosas que nadie te cuenta antes de subir, y la primera de ellas tiene que ver justo con ese vagón que elegiste sin pensarlo demasiado.

Lo esencial

  • ¿Por qué los viajeros experimentados evitan la segunda clase en trenes nocturnos marroquíes?
  • Existe una opción de cabinas solo para mujeres que nadie menciona en las agencias de viajes
  • El verdadero costo de ahorrar 3 euros se cobra en tu cuello al llegar a destino

La red que pocos españoles conocen

La principal red ferroviaria de Marruecos consiste en dos líneas: una Norte-Sur que va desde Tánger hasta Marrakech vía Rabat y Casablanca, y otra Este-Oeste que une Oujda con Rabat vía Fez. Para un viajero español, esto es una noticia extraordinaria: nuestro país más cercano en África tiene trenes reales, con horarios y clases, operados por la ONCF, el equivalente a Renfe al otro lado del Estrecho.

Marruecos conecta por tren las principales ciudades del país: Tánger, Rabat, Kenitra, El Jadida, Casablanca, Marrakech, Fez, Meknes, Oujda y Nador. Y para los destinos que quedan fuera de la red, los principales lugares no conectados por ferrocarril suelen ser atendidos por Supratours, una empresa de autobuses operada por la propia ONCF. Un sistema bastante bien engranado, aunque con sus peculiaridades.

Lo del tren nocturno, en concreto, es uno de esos secretos a voces del viajero con presupuesto ajustado. El tren nocturno Tánger-Marrakech circula con camas, sale a las 21:30 horas y llega a las 8:00 de la mañana, una buena opción para viajar a la capital del sur llegando descansado. Diez horas de trayecto que, bien aprovechadas, equivalen a una noche de hotel ahorrada. En teoría.

El vagón que nadie te explica

Aquí viene lo que ojalá alguien hubiera dicho antes. La ONCF ofrece distintos tipos de plaza en sus trenes nocturnos, y la diferencia entre elegir bien o mal puede hacer que llegues a Marrakech fresco o convertido en un zombie.

Los compartimentos de segunda clase tienen dos bancos uno frente al otro, con cuatro asientos por banco. En los coches de primera clase, cada compartimento ofrece plazas de 2×3 con reposabrazos plegables. La segunda clase, en un tren nocturno, es básicamente sentarse ocho personas en un cubículo con la esperanza de que alguien se baje pronto y puedas estirar las piernas. La primera es algo más humana, con seis viajeros por compartimento y asiento asignado garantizado.

Y luego está la tercera opción, la que cambia el viaje por completo: los coches cama con dormitorios o literas, disponibles además de los compartimentos normales. Una cama o litera tiene precio fijo, independientemente de la ruta o distancia de viaje, y deben reservarse al comprar los billetes. El detalle del precio fijo es importante: no es un sistema dinámico como los vuelos. Lo que ves es lo que pagas.

El problema real, el que nadie menciona, es la segunda clase por la noche. En los trenes nocturnos, los pasajeros de segunda clase tienden a correr las cortinas, apagar las luces y cerrar la puerta del compartimento con la esperanza de que nadie más entre y así tener más espacio. Bonita estrategia, que puede funcionar… o no. Si el tren va lleno, llegarás al destino con el cuello torcido y una opinión muy formada sobre la ergonomía marroquí.

Cuando vas a pasar la noche, la primera clase se vuelve la opción más sensata. No hay nada peor que llegar al destino cansado, sudoroso y hambriento. Una frase que suena a exageración hasta que lo vives. Y el precio extra tampoco es un drama: la diferencia entre clases no es excesiva y puede hacer el viaje mucho más llevadero.

Lo que sí funciona (y lo que conviene saber antes de salir)

Dicho lo anterior, sería injusto pintar el tren nocturno marroquí como una trampa turística. Es todo lo contrario. Tomar el tren nocturno permite ahorrar en alojamiento, durmiendo durante el trayecto, y maximizar el tiempo, dedicando el día a explorar y viajando de noche. Para el viajero que quiere ver Marruecos sin gastar una fortuna, este sistema tiene más sentido del que parece a primera vista.

A las mujeres que viajan solas, con niños o sin un acompañante masculino, se les asigna cabinas solo para mujeres. Esto no se publicita lo suficiente y conviene saberlo antes de comprar el billete, porque tranquiliza bastante a quien viaja sin compañía.

Sobre la compra del billete: en Marruecos resulta más fácil comprar los billetes en persona. Se puede obtener información sobre horarios y precios en el sitio web de la ONCF, y luego acudir a la estación de tren más cercana para reservar. Conviene llevar dinero en efectivo, ya que no siempre es posible pagar con tarjeta de crédito. El sitio web oficial existe, funciona, pero el idioma (árabe o francés) puede complicar las cosas a quien no domina ninguno de los dos.

Un aviso sobre la puntualidad, porque importa. A diferencia de lo que ocurre con la alta velocidad, los trenes regionales marroquíes no suelen ser puntuales. Para quien viaja sin prisas, eso es pintoresco. Para quien tiene un vuelo al día siguiente, puede convertirse en un problema serio. Planifica con margen.

La experiencia que vale la pena repetir, pero con más información

Cruzar Marruecos en tren nocturno tiene algo que los vuelos baratos jamás podrán ofrecer: la sensación de atravesar un país de verdad. El desierto que se adivina al amanecer desde la ventanilla, el olor a café y a kefta que se cuela desde el pasillo cuando el tren para en alguna estación a las tres de la mañana, la conversación inesperada con el señor del compartimento que resulta ser maestro de Fez y que lleva consigo dos naranjas que te ofrece sin que hayas dicho nada.

Viajar en tren permite vivenciar todo lo que ofrece Marruecos y sacar el máximo partido al viaje. Es una excelente manera de conocer a lugareños y compañeros de ruta. Eso no lo da ninguna aerolínea de bajo coste.

El consejo concreto, sin rodeos: reserva litera si el presupuesto lo permite un poco, o primera clase como mínimo. Lleva algo de comida y agua, porque no hay servicio de restauración garantizado en el tren nocturno. Descarga los horarios offline antes de salir. Y, sobre todo, no elijas el vagón de segunda clase por ahorrarte tres euros a las once de la noche. Tu cuello del día siguiente te lo agradecerá.

Queda, eso sí, una pregunta que vale la pena hacerse: si Marruecos ya tiene esto, si desde Tánger, a solo 35 minutos en barco desde Tarifa, existe toda una red de trenes nocturnos que conectan ciudades imperiales por precios que aquí serían impensables, ¿cuántos viajeros españoles siguen cruzando el Estrecho solo para quedarse en la costa?