Había reservado Dubrovnik como destino principal. Vuelos desde Madrid, hotel con vistas al Adriático, murallas al atardecer. El plan perfecto. Y entonces, casi por accidente, alguien mencionó que a menos de una hora de la frontera croata existía un país entero que la mayoría de la gente ni siquiera sabe pronunciar bien. Montenegro. El nombre negro. Y más allá, Bosnia y Herzegovina, con su ciudad de piedra y sus puentes imposibles. Dos países escondidos a un paso de la ruta turística más transitada de los Balcanes.
Lo que descubrí al cruzar esa frontera cambió por completo mi forma de ver los viajes por esta parte de Europa.
Lo esencial
- ¿Existe realmente un fiordo en el Mediterráneo? Está a 30 minutos de Dubrovnik y nadie lo menciona
- Una ciudad de piedra con puentes imposibles renació de sus cenizas: ¿por qué no aparece en las guías turísticas masivas?
- Dos países enteros viven a la sombra de Croacia: ¿qué secreto guardan que Dubrovnik perdió?
El fiordo que nadie busca en Google
La ciudad de Dubrovnik, en el sur de Croacia, está muy cerca de la frontera con Montenegro, y desde allí se puede llegar relativamente rápido en autobús, coche o en algún tour organizado. Tan cerca que resulta casi absurdo no cruzar. El aeropuerto de Dubrovnik se encuentra a unos 10 km de la frontera con Montenegro, aunque el paso fronterizo puede ser algo lento, así que hay que calcular unos 30 minutos para llegar al país vecino.
Lo que te espera al otro lado merece cada minuto de espera. La Bahía de Kotor está denominada el fiordo más meridional de Europa, y es espectacular: se mezclan el mar y la montaña, la historia, pueblos preciosos con mucho encanto y playas paradisíacas con aguas cristalinas. Piénsalo un segundo: un fiordo. En el Mediterráneo. A dos horas de vuelo de Madrid.
Montenegro tiene menos de 15.000 kilómetros cuadrados de superficie y poco más de 600.000 habitantes, es decir, una extensión 30 veces menor que la de España y 80 veces menos de residentes. Ese reducido tamaño lo convierte en un caramelo turístico muy apetecible. Y a pesar de eso, o precisamente por eso, guarda una variedad geográfica que sorprende: en pocos días puedes pasar del azul intenso de la Bahía de Kotor a una tarde de playa en la costa, y acabar en un parque nacional de montaña con lagos y cañones.
Cualquier ruta por Montenegro debería empezar por la bahía de Kotor, la joya de la corona del país tanto por la belleza del paisaje como por las localidades que alberga: Herceg Novi, Perast y Kotor especialmente. Kotor en particular tiene algo difícil de definir. Esta preciosa villa fortificada ha pasado por decenas de manos, el Imperio veneciano incluido, y cruzar su imperturbable muralla es hacer un viaje en el tiempo. No la Dubrovnik de los cruceros y los selfis masivos, sino algo más íntimo, más vivo, más auténtico todavía.
La logística, que nadie te cuenta pero que importa
Viajar a Montenegro desde España requiere un par de cosas que vale la pena saber antes de salir. Los europeos no requieren visa para estancias de menos de 90 días, y los españoles pueden acceder al país solo con el DNI, aunque siempre es recomendable llevar también el pasaporte. Otra buena noticia para el bolsillo: en Montenegro se usa el euro, lo que simplifica muchísimo el presupuesto.
Una advertencia que agradecerás: en Montenegro no es válida la tarjeta sanitaria europea, por lo que si quieres ir cubierto a nivel médico, necesitarás un seguro de viaje. No es un detalle menor. Y sobre la temporada: el mejor momento para viajar es entre mayo y finales de septiembre; en julio y agosto hay más turismo, aunque no es un destino masificado como Croacia, y el clima mediterráneo permite bañarse en sus playas casi hasta octubre.
Para moverse por el país, alquilar un coche es la opción más cómoda y eficiente, ya que da libertad total y las distancias son muy cortas. Eso sí, si alquilas en Dubrovnik, asegúrate de que la compañía te permita cruzar a Montenegro y te proporcione la Carta Verde; prácticamente todas ofrecen ya este servicio cobran un extra que puedes pedir al recoger el coche.
¿Y si no quieres coche? Si tu idea es visitar la Bahía de Kotor desde Dubrovnik, existen excursiones organizadas que llevan a los lugares más reseñables. Menos libertad, pero infinitamente más cómodo para quien viaja con el tiempo justo.
Bosnia, el segundo secreto que nadie espera
Aquí viene la parte que pocos saben. Resulta que, yendo hacia Montenegro desde Dubrovnik, o volviendo de allí, te encuentras con otra frontera casi rozando la carretera: la de Bosnia y Herzegovina. Y dentro de Bosnia, a unos 130 kilómetros de Dubrovnik, hay una ciudad que merece un viaje propio.
Mostar. Situada a dos horas y media por carretera de Dubrovnik, a orillas del río Neretva, Mostar ha sabido renacer de sus cenizas después de ser fuertemente bombardeada durante la Guerra de Bosnia, recuperando el esplendor de su casco antiguo, reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO, y convirtiéndola en la ciudad más visitada del país. Su símbolo es el Stari Most, el Puente Viejo. El Stari Most, construido en 1566 por el arquitecto otomano Mimar Hayruddin, con su elegante diseño de un solo arco fue una maravilla de ingeniería y una conexión entre dos partes de la ciudad que representaba más que un simple vínculo físico: era un símbolo de coexistencia pacífica. Lo destruyeron en 1993. Fue reconstruido y reinaugurado en 2004 y declarado Patrimonio de la Humanidad en 2005.
La diversidad de estilos arquitectónicos occidentales y orientales se puede ver por toda la ciudad: la arquitectura islámica y los edificios del período austrohúngaro se mezclan y hacen de Mostar un lugar único y bello. Mezquitas, iglesias, sinagogas: todo en unas pocas manzanas. Es uno de esos lugares que te obliga a ralentizar el paso y pensar.
Mi consejo personal, con el que muchos viajeros coinciden: aunque con medio día es suficiente para ver los principales atractivos, lo mejor es hacer noche en Mostar para disfrutarla con tranquilidad cuando la mayoría de grupos organizados que llegan en excursión desde Dubrovnik se han ido. La ciudad de noche, con el puente iluminado reflejándose en el Neretva, es una experiencia completamente diferente a la del mediodía turístico.
Y si vas con un poco más de tiempo, cerca de Mostar hay otro regalo: las cascadas de Kravice, una joya natural perfecta para fotos, un paseo tranquilo o un baño en verano. También Počitelj, un encantador pueblo medieval y otomano amurallado, lleno de naturaleza y arquitectura interesante.
Lo que nadie te dijo sobre Dubrovnik
Dubrovnik es preciosa. Nadie lo niega. Pero la realidad del verano en su casco antiguo es que compites por cada centímetro de empedrado con miles de turistas llegados en crucero. Montenegro y Bosnia son otra dimensión: mismos Balcanes, mismo Adriático en el horizonte, pero con el espacio y la calma que Dubrovnik perdió hace años.
En general, Montenegro es más barato que otros destinos del Adriático como Croacia, aunque los precios están subiendo, especialmente en la zona de la costa. Y Mostar, según quienes la conocen bien, es bastante más barata que Dubrovnik. Dos argumentos que en tiempos de viajes encarecidos no son menores.
Así que la pregunta que me quedo es esta: ¿cuántos viajeros llegan a Dubrovnik cada año sin saber que, a un paso, hay un fiordo báltico, una ciudad de piedra otomana y dos países enteros esperando? Quizá el verdadero secreto de los Balcanes no está en las murallas que todo el mundo fotografía, sino justo detrás de ellas.
Sources : travesialowcost.com | logitravel.com