Un viento frío sacude la tierra bajo un cielo cubierto de nubes bajas y, de pronto, asoma una cascada entre rocas negras, casi como si la naturaleza hubiese abierto un portal a otro mundo. Cualquiera podría pensar que acaba de entrar en una escena de fantasía… pero no, sigue en la vida real. Bienvenido a Islandia, el país del hielo, el fuego y desde hace años, el plató favorito de Hollywood. Más allá de las auroras boreales y las rutas célebres por el Círculo Dorado, un desfile de equipos de cámara, guionistas y productores ha convertido esta isla volcánica en un escenario irrepetible para las historias más épicas y virales del cine y las series.
Lo esencial
- ¿Qué secretos esconden los paisajes islandeses que conquistan a Hollywood?
- Descubre cómo superproducciones han transformado la isla y el turismo local.
- La estrategia de Islandia para ser un destino épico y accesible para cineastas y viajeros.
Las razones ocultas tras el flechazo de Hollywood con Islandia
¿Qué tiene Islandia que engancha tanto a los grandes directores? Muchos hablan de los paisajes, pero esto va mucho más allá de la postal fácil. Desde los glaciares de Vatnajökull hasta las recónditas lavas de Dimmuborgir, lo que ofrece esta isla es un catálogo de escenarios tan extremos y cambiantes que, en el transcurso de una sola jornada, puedes rodar en lo que parece la Antártida, luego perderte por desiertos de ceniza negra y, para terminar, sumergirte en aguas geotermales envueltas de vapor, todo sin salir del país ni perder la magia del aislamiento.
En los últimos años, Islandia ha sido el telón de fondo de escenas memorables, y a menudo cruciales, de superproducciones como “Stranger Things”, “Game of Thrones”, “Die Another Day” o “Interstellar”. El último hito ha sido la imponente cascada de Háifoss, protagonista en el final de una de las series más icónicas de la última década, donde su caída de más de 120 metros da la bienvenida al espectador a un paraje que parece esculpido por dioses nórdicos.
Esta versatilidad de paisajes, aliada con una logística que facilita rodajes en parajes remotos pero accesibles, ha convertido la isla en auténtico imán para los creadores de efectos visuales y localizadores de escenarios. Además, el gobierno islandés lleva años ofreciendo incentivos económicos y facilidades burocráticas para quienes eligen el país como plató, un argumento decisivo cuando cada día de rodaje cuesta auténticas fortunas en cualquier producción global.
Escenarios icónicos: cine, series y el turismo que sigue sus huellas
La influencia de Hollywood sobre Islandia no solo reconfigura el mapa del séptimo arte, sino que también está transformando el turismo en la isla. Tras el estreno de cada superproducción, las reservas para visitar lugares como el lago glacial Jökulsárlón o los campos de lava de Dimmuborgir se multiplican. Es el efecto “Game of Thrones” y compañía. Por ejemplo, la cueva de Grjótagjá, escenario de un momento clave entre Jon Snow y Ygritte, ha pasado de punto recóndito a parada imprescindible en rutas friki e itinerarios entre volcanes y géiseres.

No solo las sagas de fantasía han caído rendidas a los paisajes islandeses. Desde las persecuciones heladas de James Bond en “Die Another Day” a la ciencia ficción de Christopher Nolan en “Interstellar”, los glaciares, lagunas y desiertos de piedra volcánica actúan como protagonistas silenciosos, envueltos ahora en un halo cinéfilo que atrae tanto a amantes del cine como a quienes buscan un destino remoto, puro, casi extraterrestre.
Lugares como el campo de lava de Mýrdalsjökull, la cascada Goðafoss o el propio Jökulsárlón, escenario de persecuciones imposibles y paisajes que parecen fuera del tiempo, son un imán para los que quieren vivir Islandia en carne y hueso, cámara en mano y con la banda sonora de sus películas favoritas en la cabeza.
Alternativas nórdicas y la batalla por el turismo cinéfilo
¿Por qué Hollywood insiste una y otra vez en Islandia cuando Noruega, Escocia o Nueva Zelanda también pelean por el podio de los paisajes épicos? Hay varias claves. En Escocia o Noruega, la belleza natural es indiscutible y los incentivos existen, pero la superficie está mucho más explotada y las zonas realmente apartadas requieren desplazamientos largos o permisos complicados. Nueva Zelanda, aunque mítica por la saga de “El Señor de los Anillos”, ha terminado asociada a un solo universo, y su lejanía la convierte en jugada cara para cualquier producción europea o norteamericana.

Islandia, en cambio, tiene en sus escasos 103.000 kilómetros cuadrados una combinación poco frecuente: variedad geológica sin parangón, acceso relativamente sencillo a la mayoría de escenarios icónicos y una infraestructura turística discreta pero eficiente, muy preparada para canalizar tanto a equipos de rodaje como a ese viajero curioso, cámara en mano y con ganas de aventura.
La propia estrategia de promoción turística oficial, liderada por Visit Iceland, ha apostado por unir naturaleza y cultura pop en campañas dirigidas a públicos internacionales y curiosos por los “secretos del cine”, diferenciándose así de sus vecinos nórdicos, que siguen priorizando el enfoque tradicional de “naturaleza virgen”.
El magnetismo islandés: lo que cambia para el viajero español
Para quienes miran Islandia desde España, el auge de su faceta cinéfila ha transformado la forma de concebir un viaje al norte. Ya no se trata solo de perseguir auroras boreales o hacerse un selfie en Blue Lagoon; cada vez más viajeros buscan rutas que siguen los pasos de Harry Potter, Jon Snow o los astronautas de Nolan, y preguntan por excursiones a lugares exactos donde se rodaron escenas clave.

La accesibilidad es otro factor transformador: aerolíneas low-cost conectan regularmente Madrid y Barcelona con Reikiavik, y la temporada estival permite recorrer los caminos de grava, siempre que se haga con la prudencia que exige una naturaleza tan salvaje como impredecible. En hoteles, hostels y agencias locales, ya no sorprende que la pregunta recurrente sea “¿y aquí qué película se ha rodado?”. Incluso han surgido rutas tematizadas que combinan visitas a escenarios famosos con experiencias tradicionales islandesas, desde baños en fuentes termales hasta travesías por campos de lava en 4×4, la simbiosis entre lo cinematográfico y lo épico local es completa.

¿Antídoto contra la monotonía de destinos de siempre? Puede que sí. Si algo deja claro la conquista de Islandia por el cine mundial es el deseo muy humano de pertenecer, aunque sea por unas horas, a esos universos paralelos que solo la gran pantalla y los paisajes imposibles pueden ofrecer. ¿La próxima vez que un amigo pregunte por qué visitar Islandia? Prueba a responder: “donde termina la realidad, empiezan las películas”.