La carta llegó un martes por la mañana. Sobre blanco, remite portugués, mi nombre impreso con esa frialdad burocrática que ya de entrada te pone el estómago del revés. Había cruzado Portugal en coche hacía tres semanas, sin Via Verde, convencido de que luego «ya lo resolvería online». Lo que no sabía era todo lo que ese descuido iba a revelarme sobre cómo funciona realmente el sistema de peajes electrónicos en el país vecino.
Lo esencial
- Cruzaste un peaje portugués sin pensar en ello, y semanas después llega una carta a casa: ¿cuánto te puede costar realmente?
- Portugal comparte datos de matrículas con España, así que el sistema sí funciona, aunque tarde — con recargos incluidos
- Existen formas legales y sencillas de pagar antes de circular, pero casi nadie las conoce y muchos las descubren demasiado tarde
Portugal y el peaje sin cabina: una realidad que pilla desprevenidos
Quien haya viajado en coche a Portugal en los últimos años sabe que muchas de sus autopistas, especialmente la A22 (la famosa Via do Infante, en el Algarve) y varios tramos del norte, funcionan exclusivamente con peaje electrónico. No hay cabinas. No hay barreras. El coche pasa, unas cámaras leen la matrícula y el cargo llega, de un modo u otro, al conductor.
El problema es que esto sorprende a muchísimos viajeros españoles. Entramos por la A7 o la A22 pensando que, si no hay nadie cobrando, quizás es gratis. O pensando que ya pagaremos al salir. O simplemente sin pensar. Yo fui de los terceros.
Portugal tiene un sistema llamado Via Verde, que es el dispositivo de telepeaje equivalente a nuestro Vía-T o al Tag europeo. Si eres residente o viajes frecuentemente, te lo instalas en el coche y todo va automático. Pero para los turistas y visitantes ocasionales, existen alternativas pensadas exactamente para esa situación: el pago previo en estancos o servicios de la autopista antes de circular, o el pago posterior a través de plataformas como EASYway o el propio portal de gestión de peajes portugués.
Lo que dice la carta y lo que no te cuentan
La notificación que recibí no era exactamente una multa. Era un aviso de cargo pendiente más los correspondientes gastos administrativos por no haber pagado en el plazo establecido. Y aquí está el matiz que me parece importante contar: cuando cruzas un peaje electrónico en Portugal sin ningún sistema de pago activo, tienes un periodo de gracia para regularizarlo. Ese plazo, según la normativa vigente, es de unos días desde el paso. Si no lo haces, el sistema inicia un proceso de cobro con recargos que puede escalar bastante si se ignora.
Lo que muchos viajeros españoles no saben es que Portugal y España tienen acuerdos de intercambio de datos de matriculación. Las cámaras leen tu matrícula española, el sistema cruza información con la DGT, y la carta llega a tu domicilio. No es infalible ni inmediata, pero funciona con bastante regularidad, especialmente en las autopistas concesionadas que invierten en estos sistemas de recuperación de deuda.
Cuando abrí el sobre, el importe pendiente era manejable. Los recargos, en cambio, lo habían inflado de forma considerable. La lección duele más en el bolsillo que en el orgullo.
Cómo hubiera tenido que hacerlo
Existen varias formas de circular legalmente por las autopistas de peaje electrónico portugués sin tener Via Verde instalada en el coche.
La más sencilla para un viaje puntual es la compra anticipada de un título de viaje en estancos (los llamados «tabacarias»), en las áreas de servicio antes de acceder a la autopista, o a través del portal CTT (Correios de Portugal) y plataformas autorizadas. Se paga un forfait por tramo o por días de uso, y listo. Hay también servicios pensados para turistas que permiten contratar una cobertura temporal por internet antes de salir de España, algo que con un par de búsquedas previas al viaje se resuelve en diez minutos.
Otra opción, menos conocida, es que algunos alquileres de coche en Portugal ya incluyen la Via Verde activa, con el cargo posterior al uso. Si alquilas vehículo allí, vale la pena preguntarlo expresamente a la empresa.
Lo que no funciona es cruzar sin más y confiar en que «ya se verá». Porque se ve. Tarde, pero se ve.
El lado menos contado del peaje electrónico
Hay algo que me llamó la atención mientras intentaba entender mejor el sistema: la cantidad de gente que pasa por la misma situación. En foros de viajeros españoles, en grupos de Facebook dedicados a road trips por Europa, encontré decenas de testimonios idénticos al mío. Carta en casa, susto inicial, pago con recargo, promesa de informarse mejor la próxima vez.
El sistema está diseñado para funcionar, no para perdonar despistes. Y tiene cierta lógica: la infraestructura vial tiene un coste real, y los turistas no deberíamos quedar exentos de él por ignorancia o por comodidad. Pero sí creo que falta información más visible en los accesos a esas autopistas, sobre todo en los puntos de entrada desde España, donde la señalización sobre las opciones de pago para no residentes podría ser mucho más clara de lo que es.
¿Cambiará esto con la armonización europea de los sistemas de telepeaje? La directiva europea en esa dirección lleva años en marcha, y aunque los avances son reales, la experiencia práctica del conductor de a pie sigue siendo fragmentada y confusa. Igual que yo ese martes con el sobre en la mano.