Imagina las mismas aguas turquesa, los mismos acantilados imposibles cayendo al mar, los mismos pueblos aferrados a la roca… pero sin hacer cola veinte minutos para entrar a un restaurante ni pagar 40 euros por un cóctel con vistas. Existe, y está a apenas un par de horas en coche desde Positano. Se llama Costa del Cilento, y cada vez más viajeros españoles la están descubriendo como la alternativa sensata a la saturada Costa Amalfitana.
Al sur de Salerno, justo cuando termina el tramo más fotografiado de Italia, el paisaje no se apaga: se transforma. La Costa del Cilento es un tramo de costa en gran parte virgen en el sur de Campania, ubicado al sur de Nápoles y de la Costa Amalfitana, conocido por sus aguas cristalinas con bandera azul, sus acantilados dramáticos y playas de arena, además del frondoso Parque Nacional del Cilento. Y no hablamos de un rincón desconocido cualquiera: toda la región es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con una historia riquísima que incluye los templos griegos de Paestum y pueblos auténticos llenos de encanto.
Lo esencial
- ¿Cuánto dinero se puede ahorrar realmente eligiendo esta costa desconocida sobre la famosa Amalfi?
- Los pueblos del Cilento guardan secretos que Positano perdió hace años, ¿cuáles son?
- Existe una región costera italiana donde nació la dieta mediterránea, pero nadie habla de ella
El mismo mar, la mitad del precio
Aquí está la clave que cambia el viaje: el dinero rinde de otra manera. Forma parte del Parque Nacional del Cilento y Vallo di Diano, protegido por la UNESCO, se extiende más de 100 kilómetros y ofrece un tipo de experiencia difícil de encontrar hoy en día: tranquila, espaciosa y todavía muy local, a diferencia de la compacta y a menudo abarrotada Amalfi. Y no es solo sensación: de alojamiento a restaurantes, los precios son mucho más razonables, y a menudo se obtiene mejor calidad, con ahorros de entre el 20 y el 50% en esos dos gastos principales frente a la Costa Amalfitana.
Los números lo confirman en cada rincón de la costa. En Paestum, cerca de los templos griegos, hay hoteles reconocidos por Michelin con habitaciones por debajo de los 90 euros en temporada baja, mientras que Hotel Villa Rita empieza por menos de 70 dólares. Más al sur, en Marina di Camerota, la cosa se pone aún mejor: este pueblo ofrece costas escarpadas y majestuosas y playas prístinas que permanecen sin aglomeraciones incluso en temporada alta, con alojamientos que van de lo asequible a lo lujoso, desde apenas 50 dólares por noche en temporada baja.
Lo mismo pasa en el mar. Si en Amalfi alquilar un barco para pasar el día es casi un lujo reservado a pocos bolsillos, en el Cilento la historia cambia por completo: el coste de fletar un barco en Cilento es prácticamente la mitad de lo que costaría en Amalfi. Para quien sueña con navegar entre calas escondidas sin hipotecar las vacaciones, esa diferencia lo es todo.
Pueblos colgados, acantilados y playas que Amalfi no tiene
Aquí viene la sorpresa que pocos esperan: las playas del Cilento superan a las de su vecina más famosa. Cualquiera que haya pisado Positano sabe que sus playas son de guijarros y entran de golpe en el agua. El Cilento juega en otra liga: es conocido por sus playas prístinas con bandera azul, un sello ecológico voluntario otorgado a playas y puertos que cumplen criterios estrictos de medioambiente, seguridad y accesibilidad, siendo Baia degli Infreschi, Cala Bianca en Marina di Camerota y Punta Licosa algunas de las mejor valoradas, con arena amplia, aguas tranquilas y arena suave y dorada.
Y luego están los pueblos, esos que justifican por sí solos el viaje. Los pueblos históricos encaramados en las colinas merecen el desvío: lugares como Castellabate o Pisciotta ofrecen vistas increíbles y un carácter genuinamente local. No son un decorado para turistas: son pueblos donde la vida sigue su ritmo con o sin visitantes, algo que en Positano hace tiempo que dejó de ser posible.
Para quienes buscan algo más salvaje, Palinuro es de esos lugares que uno recuerda años después. Tiene una larga lista de playas envidiables y accidentes marinos, como Spiaggia delle Saline y Spiaggia del Buon Dormire (esta última solo accesible en barco), además de maravillas naturales como Capo Palinuro, el Arco Natural, la Gruta Azul y cuevas marinas de aguas tan cristalinas que se han convertido en un destino habitual para buceadores. Compárese eso con la Costa Amalfitana, donde, seamos sinceros, buena parte del paisaje se admira desde lejos porque los acantilados apenas dejan bajar hasta el agua.
Comer donde nació la dieta mediterránea (y llegar sin agobios)
Casi nadie lo sabe, y suele sorprender en cualquier sobremesa: la dieta mediterránea, esa que tantos médicos recomiendan, no nació en un laboratorio ni en un libro de nutrición. Nació precisamente aquí, en la Costa del Cilento. Eso se nota en la mesa: la región produce tesoros culinarios muy buscados internacionalmente, como las aceitunas Salella, las anchoas de Menaica, las alcachofas de Pertosa, la pasta fusillo di Felitto o los garbanzos de Cicerale, además de granjas lácteas que elaboran la reconocida mozzarella de búfala y vinos celebrados tanto local como internacionalmente.
Llegar tampoco requiere logística de experto. Es un tren directo de 2 horas y cuarto desde Roma hasta Salerno, ideal para quien combina la capital italiana con unos días de playa relajados. Y a diferencia de la pesadilla de tráfico y curvas cerradas que caracteriza a la carretera amalfitana, aquí conducir resulta fácil, algo que cualquiera que haya sudado al volante en Positano sabrá agradecer.
Conviene ser honesta: el Cilento no tiene el glamour de postal que hizo famosa a Amalfi, ni esa sensación de estar en una película. Pero ofrece algo que empieza a escasear en el sur de Italia, y quizás en el Mediterráneo entero: espacio para respirar sin que cada foto salga con quince desconocidos de fondo. La pregunta ya no es si merece la pena cambiar de costa, sino cuánto tiempo más seguirá este secreto siendo un secreto.
Sources : getyourguide.com | yourtimetofly.com