Descubrí Collioure por casualidad y abandoné la Costa Azul: cenas gourmet al precio de un cóctel en Cannes

Fue un desvío sin planificar. Teníamos el GPS apuntando a Niza, el hotel reservado en la Croisette y las ganas intactas de esa Costa Azul que sale en todas las películas y en todos los feeds. Pero algo, el tráfico, la curiosidad, quizá el azar, nos hizo salir en una salida distinta. Y así llegamos a Collioure.

Lo que vimos nada más doblar la curva sobre el puerto fue tan inesperadamente bonito que nos costó creer que llevábamos años pasando de largo por la autopista sin saber que esto existía.

Lo esencial

  • Un pueblo de 2.500 habitantes donde Matisse descubrió el fauvismo y sus calles son un museo al aire libre
  • Cena gourmet con vino Banyuls para dos: el precio de un único cóctel en la Costa Azul
  • Refugio del poeta Antonio Machado y frontera con Cataluña: una encrucijada de culturas que pocas costas ofrecen

La otra orilla del Mediterráneo francés: la Costa Bermeja

La Côte Vermeille es el tramo de costa mediterránea del sur de Francia que empieza al sur de Argelès-sur-Mer y llega hasta Cerbère, en la frontera con Cataluña. Lo que en castellano llamamos la Costa Bermeja. Languedoc-Roussillon es una región pintoresca del litoral mediterráneo que funciona a un ritmo más lento que la adyacente Costa Azul, donde los pintorescos pueblecitos llenos de locales simpáticos sustituyen el glamour de su vecina del este.

La diferencia económica es inmediata. De media, los hoteles de tres estrellas en la Riviera francesa cuestan alrededor de 120 dólares por noche, y los de cinco estrellas rondan los 547 dólares. Cruzar mentalmente la frontera invisible hacia la Costa Bermeja significa otro universo de precios, con una belleza que no cede ni un milímetro.

El pueblo más fotogénico del recorrido es, sin duda, Collioure. Se trata de una localidad de unos 2.500 habitantes situada muy cerca de la frontera con Cataluña que, aunque formalmente pertenece al departamento francés de los Pirineos Orientales, está más identificada con el Rosellón, una provincia histórica dentro de Occitania con una personalidad propia muy marcada. Y eso se nota en cada esquina: en el catalán que escuchas mezclado con el francés, en la arquitectura de las casas de colores, en la bandera de las cuatro barras que cuelga de algunos balcones.

Un lugar que pintó la historia del arte moderno

Paisajes y rincones bañados por una luz tan excepcional y unos colores tan puros e intensos que Henri Matisse y André Derain encontraron aquí la inspiración para alumbrar el fauvismo. No es un dato de guía turística polvoriento. En el año 1905, Matisse decidió irse a Collioure para dar un giro a su carrera y el pueblo se convirtió en su principal fuente de inspiración. El contacto entre pintores de la zona y la llegada de André Derain permitieron que en esta pequeña localidad mediterránea surgiera una nueva forma de ver y hacer pintura.

Hoy, paseando por Collioure sorprenden cuadros colgados de las fachadas con reproducciones de grandes obras del fauvismo. Si miras a tu alrededor te das cuenta de que lo que está pintado es lo que se ve desde ese mismo lugar. Es una iniciativa del ayuntamiento, que ha colocado reproducciones en el lugar donde los artistas se inspiraron, ya que la luz, los colores y el mar de Collioure atrajeron a muchos artistas a principios del siglo XX. Caminar por el casco antiguo se convierte así en algo distinto a un simple paseo: es una especie de museo al aire libre donde la pantalla y la realidad se superponen.

Pero Collioure lleva también una herida española muy reconocible. El gran poeta español republicano Antonio Machado encontró en Collioure refugio a su huída ante el avance de las tropas franquistas. Aquí murió en 1939, solo un mes después de su fuga de una Barcelona que estaba a punto de ser ocupada. En la tumba de Antonio Machado siempre hay flores frescas y también un buzón para dejar las cartas que uno quiera escribirle, que son recogidas periódicamente por la Fundación Antonio Machado. Para quienes hacemos esta ruta desde España, ese detalle convierte la visita en algo más que turismo.

Comer bien: lo que en Cannes cuesta un cóctel

Aquí viene lo que más nos sorprendió. La gastronomía de Collioure y de toda la Costa Bermeja es notable, anclada en una tradición de producto local que mezcla la cocina catalana con el savoir-faire francés. De Collioure son las anchoas, las cerezas de Céret, la sal del Rosellón y los embutidos del Pirineo catalán. Las anchoas, en particular, son el producto fetiche del pueblo. En Collioure, en el siglo XIX, el sustento de muchas familias dependía de la salazón del pescado. Más de 150 años después de su fundación, Anchoas Roque sigue dedicándose a este oficio, perpetuado ya por la quinta generación de un negocio fundado en 1870.

Y luego está el vino. El pueblo se encuentra rodeado de viñedos que producen uno de los mejores vinos dulces del país: la Denominación de Origen Banyuls, un tipo de caldo muy similar al que se produce en Oporto. Una botella de vino local con la cena para dos no va a arruinar las vacaciones.

Los restaurantes con encanto no faltan. En Collioure, los restaurantes con encanto no son difíciles de encontrar. Desde pintorescas terrazas con vistas al mar hasta acogedores locales con aire bohemio, la ciudad está llena de rincones gastronómicos ideales para una buena comida. Eso sí, si buscas comer a buen precio en Collioure, lo más recomendable es alejarse un poco de las zonas turísticas más concurridas. Los restaurantes ubicados en las calles menos transitadas suelen ofrecer menús del día a precios más económicos. La comparativa con la Costa Azul es llamativa: mientras que un cóctel en la Croisette de Cannes puede costarte lo mismo que una cena entera aquí, en Collioure una velada para dos con vino local de la denominación Banyuls y platos de pescado fresco resulta asequible y memorable a partes iguales.

Más allá de Collioure: toda una costa por explorar

La Costa Bermeja incluye cuatro comunas, de norte a sur: Collioure, Port-Vendres, Banyuls-sur-Mer y Cerbère. Cada una tiene su propio carácter. Port-Vendres, después de Collioure, es probablemente el pueblo más bonito de la costa bermeja. Descubierto por los griegos, llamado Portus Veneris, puerto de Venus, por los romanos, tiene un apodo de «puerto de la historia» que no es casual.

Al sur de Argelès-sur-Mer es donde acaba la costa arenosa y empieza la costa rocosa, donde las playas dan lugar a las calas y donde el Mediterráneo empieza a flirtear con el Pirineo. Es un paisaje que combina montaña y mar de una forma que pocas costas mediterráneas ofrecen. La carretera que bordea esta franja es, en sí misma, una experiencia.

La logística desde España es sencilla. La manera más rápida de llegar desde España hasta Collioure es por la AP-7, cruzando la frontera por La Junquera. A poco más de una hora en coche desde Girona se encuentra uno de los rincones más seductores del sur de Francia. Eso significa que para la mayoría de españoles es perfectamente viable como escapada de fin de semana, sin avión ni grandes planificaciones.

Volvimos a casa sin haber pisado Niza. El hotel de la Croisette lo cancelamos (con penalización, sí, lo reconozco). Y cada vez que alguien me dice que quiere hacer la Costa Azul, le pregunto: ¿pero has pensado ya en la Costa Bermeja? Porque una vez que la ves, hay una pregunta que queda flotando sin respuesta fácil: ¿qué estábamos pagando de más, y por qué?