Las ruinas sumergidas de Muelas del Pan: el pueblo fantasma que emerge bajo las aguas de Zamora

Hay algo hipnótico en la idea de que el mundo que conocemos pueda desaparecer bajo el agua. No como metáfora, sino literalmente: calles, fachadas, campanarios que un día vieron pasar la vida de un pueblo y que ahora duermen en silencio a varios metros de profundidad. En la provincia de Zamora, ese escenario que parece sacado de una novela existe de verdad, y se llama Riaño… bueno, casi. El caso zamorano tiene su propio nombre, su propia historia y, para quien sabe dónde mirar, su propio espectáculo.

El embalse de Ricobayo, en el río Esla, esconde bajo sus aguas los restos de varios núcleos rurales que fueron inundados cuando la presa se construyó en los años treinta del siglo pasado. Uno de los más evocadores es el antiguo pueblo de Muelas del Pan, del que quedan vestigios que emergen cuando el nivel del embalse baja lo suficiente. No es un fenómeno constante ni predecible al milímetro, pero cuando ocurre, la escena es de esas que se te quedan grabadas: muros de piedra asomando sobre el agua, la silueta de lo que fue una iglesia, el trazado de calles que ya nadie recorre a pie.

Lo esencial

  • Un pueblo completo yace bajo el agua desde hace casi un siglo, pero no está completamente olvidado
  • Las ruinas reaparecen de forma impredecible cuando el embalse baja por sequía, revelando estructuras intactas
  • Este destino sigue siendo un secreto bien guardado comparado con otros pueblos sumergidos de España que se viralizaron

Una historia que el agua no logró borrar del todo

La construcción de la presa de Ricobayo fue uno de los grandes proyectos hidroeléctricos de la España de entreguerras. Cuando el embalse empezó a llenarse, varios pueblos de la comarca tuvieron que ser abandonados. Sus habitantes recibieron compensaciones modestas, se reubicaron en localidades cercanas y, con el tiempo, muchos simplemente dejaron de hablar de lo que habían perdido. Esa mezcla de resignación y duelo silencioso es bastante común en la historia de los embalses españoles, donde docenas de poblaciones desaparecieron entre mediados del siglo XX y los años ochenta.

Lo que hace especial a Muelas del Pan no es solo su historia, sino la persistencia de sus ruinas. La piedra resistió décadas de agua, barro y olvido. Y cuando el embalse baja por sequía o por gestión del caudal, esas estructuras vuelven a respirar. Hay algo perturbador y bello a la vez en esa imagen: el pasado que no termina de irse, que insiste en aparecer justo cuando nadie lo espera.

El turismo de los pueblos sumergidos, una tendencia que crece en España

España tiene más pueblos bajo el agua de lo que mucha gente imagina. San Román de Sau en Cataluña, Aceredo en Galicia, el propio Riaño en León… cada uno con su historia de desplazamiento forzoso, cada uno con una comunidad que tuvo que rehacerse desde cero. En los últimos años, el interés por estos lugares ha crecido de forma notable, y no solo entre los descendientes de quienes vivieron allí. Viajeros, fotógrafos y aficionados a la historia rural se desplazan a verlos cuando las circunstancias lo permiten.

El caso de Zamora tiene algo que lo diferencia del resto: la relativa discreción del lugar. Mientras Aceredo se convirtió en viral con sus imágenes de la sequía de 2022, Ricobayo sigue siendo un destino más íntimo, casi de iniciados. La comarca del Sayago y las tierras del Esla no aparecen en la mayoría de guías de viaje convencionales, lo que le da al viaje una textura especial. Llegar allí sigue sintiéndose como un descubrimiento propio, no como seguir el rastro de mil publicaciones de Instagram.

Cómo visitarlo (y qué esperar)

Si tienes pensado acercarte, conviene entender que esto no es un museo al aire libre con horarios y señalética. La visibilidad de las ruinas depende completamente del nivel del embalse, que varía según la temporada y la gestión hídrica. Los períodos de mayor bajada suelen coincidir con los meses de verano y principios de otoño, cuando el calor reduce los caudales, aunque ningún año es igual al anterior.

El pueblo actual de Muelas del Pan, reconstruido en tierra firme, está a pocos kilómetros de la orilla. Vale la pena pasarse por allí, charlar con los vecinos si se da la ocasión y entender que detrás de esas ruinas hay familias reales con memoria real. No es un parque temático: es el resultado de una decisión que partió comunidades y que todavía forma parte de la identidad de la zona.

Para llegar, la mejor opción es el coche propio. Zamora capital queda a menos de una hora en coche, y desde allí la carretera hacia Ricobayo es sencilla. El entorno natural del embalse es espectacular por sí mismo: la luz en esa zona de la meseta a primera hora de la mañana tiene una calidad fotográfica que pocos rincones de España pueden igualar. Lleva calzado cómodo, protección solar y, sobre todo, tiempo. Este no es un sitio para ver corriendo.

Lo que permanece cuando el agua sube de nuevo

Hay una pregunta que surge sola cuando uno contempla esos muros emergidos: ¿qué significa que un lugar exista si nadie puede habitarlo? Las ruinas de Muelas del Pan no son habitables, no son accesibles en el sentido convencional y, sin embargo, siguen siendo un lugar con una presencia enorme. Quizá porque la memoria colectiva no necesita piedras visibles para sostenerse, aunque ayuda tenerlas.

Los pueblos sumergidos de España son, en cierta forma, un recordatorio incómodo de las transformaciones que el desarrollo del siglo XX impuso sobre el territorio rural. Muchas de esas decisiones se tomaron sin demasiado debate público, sin grandes compensaciones y sin la más mínima consideración por el arraigo de quienes vivían allí. Que esas ruinas sigan emergiendo, décadas después, tiene algo de revancha silenciosa de la historia.

La próxima vez que el embalse baje, las piedras de Muelas del Pan volverán a asomar. Y alguien, seguramente con el móvil en la mano, se preguntará cómo es posible que un lugar así lleve tanto tiempo casi en secreto.