Me llevé un puñado de arena de una playa de Cerdeña como recuerdo: en el aeropuerto de Cagliari me abrieron la maleta y nadie me había avisado de la multa que venía después

Tengo suficiente información. Voy a redactar el artículo con datos verificados sobre la ley de 2017, las multas, los casos reales y los controles en el aeropuerto de Cagliari.

Una botella de cristal, dos puñados de arena blanca y la sensación de haberse llevado a casa un pedacito de paraíso. Así empiezan cientos de historias cada verano en Cerdeña, y así terminan también en el mismo lugar: un mostrador de control en el aeropuerto de Cagliari Elmas, con un agente forestal sosteniendo la prueba del delito entre las manos. Porque sí, en Cerdeña coger arena de la playa es ilegal desde hace casi una década, y la mayoría de turistas se entera de la norma justo cuando ya es demasiado tarde.

La escena se repite con tanta frecuencia que ya casi forma parte del folclore isleño. Un portavoz del cuerpo forestal de la isla ha explicado a la CNN que el material está ahora en una habitación de operaciones con otros objetos que se confiscan en el aeropuerto, y que al final del año suelen tener varias botellas de arena que se amontonan en ese cuarto. No hablamos de un descuido puntual, sino de un fenómeno tan extendido que las autoridades han tenido que reforzar controles, colocar carteles multilingües y hasta lanzar campañas de sensibilización con caras conocidas del cine y la televisión italiana.

Lo esencial

  • Una ley regional de 2017 prohíbe sacar arena de las playas sardas bajo pena de multa
  • Los controles en el aeropuerto detectan equipajes con arena que los turistas desconocían que eran ilegales
  • La arena es la defensa natural contra la erosión: su pérdida amenaza playas icónicas como Is Arutas

Una ley que lleva casi diez años en vigor (y que casi nadie conoce)

La norma no es nueva ni improvisada. Con la publicación de la Ley regional n. 16/2017 en materia de turismo entraron en vigor las nuevas normas de protección de los litorales sardos, y desde el primero de agosto quien saque, tenga o venda incluso pequeñas cantidades de arena, guijarros, piedras o conchas procedentes del litoral o del mar sin autorización está sujeto a una sanción administrativa de entre 500 y 3.000 euros. Esa horquilla tan amplia no es casualidad: la multa se calcula según la cantidad sustraída y el lugar de procedencia, de modo que llevarse una cucharadita de las playas más protegidas puede salir bastante más caro que un puñado de una cala menos sensible.

Lo que sorprende a la mayoría de viajeros es la letra pequeña del asunto: nadie te para en la playa. El problema llega después, en el aeropuerto, cuando la maleta pasa por el escáner. Es difícil sortear los controles de seguridad, en particular en los aeropuertos, donde se han intensificado; en el aeropuerto de Cagliari Elmas cada vez se cuentan más turistas detenidos y encontrados con maletas llenas de botellitas con arena y guijarros de los litorales sardos. Y da igual alegar desconocimiento: de nada sirve al incauto turista alegar que no sabía nada de la prohibición de extracción, porque a causa de la sustracción ilegal de arena, guijarros y conchas, no queda más remedio que pagar la sanción impuesta por las fuerzas del orden.

Los casos que han trascendido a la prensa internacional dan una idea de la magnitud real del fenómeno. En 2020, un turista francés fue multado con 1.000 euros por intentar sacar de la isla dos kilos de arena escondidos en una botella. Este año, una turista francesa fue interceptada con nada menos que 40 kilos de material, enfrentándose a una multa de entre 500 y 3.000 euros mientras el material incautado era devuelto al entorno natural en los días posteriores. Y no son casos aislados: cada año la Guardia de Finanza de los aeropuertos sardos incauta más de cinco toneladas de arena, conchas y piedras de los equipajes de los turistas.

Por qué una playa «se rompe» cuando le falta arena

Puede parecer una exageración castigar con miles de euros a alguien que solo quería un recuerdo bonito. La explicación tiene más sentido cuanto más se conoce el ecosistema costero. La arena actúa como una barrera natural frente a la erosión y contribuye a la estabilidad del litoral, ayudando a amortiguar el efecto del oleaje y de los temporales. No es un simple decorado bonito para las fotos de Instagram: es la primera línea de defensa de la isla frente al mar.

Las autoridades sardas llevan años insistiendo en esta idea, aunque a veces con poco éxito. Preservar la arena de las playas de Cerdeña es fundamental, se ha creado durante millones de años, y puede parecer poca cosa llevarse una botellita, pero si lo hicieran todos los millones de turistas desaparecerían toneladas y toneladas cada año. El razonamiento es simple: un solo puñado no cambia nada, pero multiplicado por los millones de visitantes que pisan la isla cada verano, el resultado es una erosión medible y, en algunas calas, ya visible a simple vista.

Playas concretas como Is Arutas, con su arena de granos de cuarzo rosados, o la Spiaggia Rosa de Budelli, con su tono coralino, se han convertido en objetivo especialmente codiciado precisamente por lo insólito de su color. La consecuencia es que hoy varias de estas playas cuentan con accesos restringidos o incluso vetados para protegerlas.

Cómo evitar el disgusto (y disfrutar de Cerdeña sin sustos)

La buena noticia es que la solución es tan sencilla como parece: dejar la arena donde está. Las fotografías, los vídeos y hasta un cristal de arena comprado como souvenir en una tienda autorizada cumplen perfectamente la función de recuerdo sin ningún riesgo legal. Conviene además prestar atención a los carteles informativos que suelen aparecer junto a las playas más frecuentadas, disponibles en varios idiomas precisamente para evitar el «no lo sabía» como excusa.

Vale la pena recordar también que la vigilancia no se limita a la arena. Las sanciones pueden llegar hasta 3.000 euros, según establecen las ordenanzas regionales y los controles de la Forestal también en los aeropuertos, porque «coger arena equivale a robar un pedazo de patrimonio natural». Otras conductas como recoger conchas, encender fogatas en la playa o acampar libremente están igualmente reguladas y sujetas a multa en buena parte del litoral.

La próxima vez que planees unas vacaciones en Cerdeña, quizá el mejor recuerdo no sea el que cabe en una maleta, sino el que se queda grabado en la memoria: ese color de agua que parece imposible, esa arena que solo existe así en un puñado de rincones del planeta. ¿No merece la pena, precisamente por eso, dejarla exactamente donde la encontraste?