Se acabó pagar 250 € al día en Positano: esta otra costa del sur de Italia sale por 60 € y tiene el mismo mar

Doscientos cincuenta euros por una noche en Positano ya no sorprende a nadie. Lo raro sería encontrar algo más barato en plena temporada alta, cuando los barcos descargan turistas en Marina Grande como si fuera una cinta transportadora. Pero hay una costa, apenas tres horas más al sur, donde el Tirreno tiene el mismo color turquesa, los pueblos también trepan por la roca y una habitación decente cuesta lo que en Positano vale un café con vistas: unos 60 euros. Se llama Cilento, y muchos italianos la llevan años guardándose para ellos.

Lo esencial

  • ¿Por qué el Cilento permanece en la sombra mientras Positano se satura de turistas y colas?
  • Templos griegos de 2.500 años, playas prácticamente desiertas y un detalle geográfico que cambió todo
  • La región donde nació la dieta mediterránea sigue siendo un secreto celosamente guardado por italianos locales

El secreto que Salerno esconde al sur

La costa del Cilento se extiende desde Salerno hasta el golfo de Policastro a lo largo de más de cien kilómetros de litoral abrupto, y forma parte de un parque nacional protegido por la Unesco. Lo curioso es que geográficamente está pegada a la Costa Amalfitana, casi tocándola, pero turísticamente vive en otro planeta. Mientras muchos viajeros se agolpan en el glamour de la Costa Amalfitana, los propios italianos escapan a esta región menos conocida, apenas tres horas al sur.

La explicación tiene que ver con la orografía. Positano y sus vecinos crecieron pegados a un acantilado con una sola carretera estrecha, lo que multiplicó el valor del suelo y disparó los precios de cualquier balcón con vistas. El Cilento, en cambio, se abre en playas de arena más amplias y pueblos que no dependen de una sola vía sinuosa para moverse. Eso, combinado con menos fama internacional, mantiene los precios en un terreno mucho más razonable.

Además, aquí no hace falta subirse a un taxi acuático para bañarse en aguas limpias. A diferencia de la Costa Amalfitana, donde no conviene conducir por sus carreteras estrechas, sinuosas y con tráfico constante, en el Cilento moverse en coche resulta mucho más sencillo. Eso, para quien viaja en familia o simplemente quiere improvisar la ruta del día, cambia por completo la experiencia.

Pueblos con nombre propio y el mismo Mediterráneo

El Cilento no es un único destino, sino un mosaico de pueblos costeros que conviene conocer por separado. Localidades como Paestum, Pisciotta o Marina di Camerota se suman a otros rincones poco frecuentados de Italia, con paisajes espectaculares, menos gente y precios muy asequibles. Paestum, además, guarda algo que Positano jamás podrá ofrecer: templos griegos dóricos de casi 2.500 años, tan bien conservados que parecen sacados de un manual de arqueología, a pocos metros de la arena.

Más al sur, en la punta de la región, Marina di Camerota ofrece costas majestuosas y escarpadas junto a playas prácticamente vírgenes que siguen sin llenarse ni en plena temporada alta. Y el bolsillo lo agradece: el alojamiento en la zona va de lo asequible a lo lujoso, con precios que en temporada baja arrancan en apenas 50 dólares la noche, una cifra que en euros y en verano se acerca perfectamente a esos 60 euros que mencionábamos al principio.

Quien quiera un chapuzón con nombre de postal tiene Punta Licosa, una pequeña península rocosa con calas de agua cristalina que, según la leyenda, debe su nombre a una sirena. No hay hoteles de cinco estrellas asomados al acantilado, pero tampoco hace falta reservar mesa tres meses antes para comer pescado fresco frente al mar.

La misma dieta mediterránea, pero de origen

Hay un dato que pocos turistas conocen y que convierte al Cilento en algo más que una alternativa económica: la región alberga un gran parque nacional lleno de montañas y pueblos, playas de arena, impresionantes templos griegos antiguos y monasterios apacibles, y es además el lugar de nacimiento de la dieta mediterránea. No es una etiqueta de marketing: aquí se estudió por primera vez ese patrón alimentario que hoy recomiendan cardiólogos y nutricionistas de medio mundo, y se nota en la mesa. Verduras de huerta, pescado del día, aceite de oliva de producción local y una mozzarella de búfala que, sin exagerar, compite con la campana más famosa.

Una experta consultada por medios especializados en viajes lo resume con una frase que se me quedó grabada: «No hay carreteras que quitan el aliento con autobuses que se te vienen encima, solo colinas verdes con olivares, viñedos y pinares, pueblos de pescadores auténticos, un ambiente relajado, buena comida, precios más bajos y hospitalidad del sur». Y no le falta razón: se puede comer marisco fresco en un chiringuito con los pies en la arena por lo que en Positano cuesta un simple aperitivo con vistas.

Otra voz del sector, especializada en organizar viajes a la zona, va todavía más lejos: «el Cilento ofrece lo que muchos viajeros esperan encontrar en Amalfi pero que rara vez logran ya: belleza natural, historia antigua y una gastronomía extraordinaria. La región tiene precios razonables, playas prístinas, mar turquesa y algunos de los pescados y verduras más frescos de Italia, además de la mejor mozzarella de búfala». Lo dice alguien que conoce la región desde dentro, y que la recomienda precisamente a quienes buscan una Italia más auténtica.

Cómo llegar sin complicarse la vida

La forma más sencilla de plantear la escapada es volar hasta Nápoles y desde ahí bajar hacia el sur. La distancia entre la Costa Amalfitana y el Cilento es de unos 122 kilómetros, y conduciendo se tarda alrededor de una hora y cuarenta minutos, así que quien ya esté por la zona amalfitana puede combinar ambas costas en un mismo viaje sin sacrificar presupuesto. Quien prefiera moverse sin coche también puede apoyarse en la ciudad de Salerno como puerta de entrada, con trenes regionales que conectan con los pueblos costeros del Cilento en poco más de una hora.

La pregunta, en realidad, ya no es si el Cilento merece la pena frente a Positano. La pregunta es cuánto tiempo seguirá siendo un secreto bien guardado antes de que las mismas colas y los mismos precios de la Costa Amalfitana terminen escalando también estas laderas del sur de Italia.