Imagina bajar 121 escalones y notar cómo la temperatura cae varios grados a medida que la ciudad que conoces desaparece sobre tu cabeza. No hay museos con obras enmarcadas, ni colas que zigzaguean frente a una taquilla famosa. Solo piedra, oscuridad y 24 siglos de historia acumulados en silencio. Eso es exactamente lo que te espera en Nápoles, una ciudad que tiene tanto mundo bajo tierra como sobre ella, y que durante siglos mantuvo ese secreto casi intacto.
Lo esencial
- Una red de 2 millones de metros cúbicos atraviesa Nápoles con acueductos, teatros romanos y refugios olvidados
- 40.000 personas se escondieron bajo tierra durante los bombardeos de la IIGM, dejando muebles y vidas en el olvido
- Hay un teatro donde actuó Nerón… bajo el sótano de casas donde viven familias napolitanas hoy
Una ciudad construida sobre sí misma
El Nápoles subterráneo es una red de túneles, catacumbas y galerías que datan de la época griega y romana, ofreciendo una perspectiva única de la ciudad. Lo que resulta difícil de asimilar es la escala de todo esto: esta red subterránea desvela 24 siglos de historia a 40 metros de profundidad bajo el paisaje urbano, desde los griegos en el siglo IV a.C. hasta el Imperio Romano en los primeros siglos de nuestra era, pasando por las épocas medieval, renacentista y la Segunda Guerra Mundial.
Los primeros hallazgos datan de hace más de 5.000 años, y en el siglo III a.C. los griegos excavaron el primer sistema de galerías, extrayendo piedra caliza para construir paredes y templos. La lógica era sencilla y brillante a la vez: necesitaban material para construir la ciudad arriba, así que excavaban abajo. El subsuelo se vaciaba para llenar la superficie. Con el tiempo, esas cavidades se convirtieron en acueductos, en cisternas, en refugios. La ciudad creció literalmente sobre sus propios cimientos huecos.
Las primeras cisternas de época romana abastecieron de agua a la ciudad durante siglos. Durante la Segunda Guerra Mundial se ampliaron para usarlos como refugio y tras la contienda se utilizaron como escombreras. Ese último detalle es quizás el más sorprendente: después de proteger a miles de personas de las bombas, estos corredores milenarios acabaron sepultados bajo escombros y basura. El olvido tiene una manera muy particular de tratar los tesoros.
El teatro que Nerón pisó… y que está debajo de un piso
Hay una anécdota que resume perfectamente la naturaleza absurda y maravillosa de la Nápoles subterránea. La visita se complementa con el Teatro Grecoromano de Nápoles, que se conserva casi en su totalidad, pero cuyos muros se aprovecharon para construir casas en las que hoy en día continúan viviendo vecinos. Piénsalo un momento: hay familias napolitanas que tienen en el sótano de su casa los arcos de un teatro romano donde, según las crónicas históricas, actuó el propio Nerón. Los arqueólogos, al intentar documentar el teatro, tuvieron que ir timbrando casa por casa en los años ochenta, y si los dueños les permitían entrar, trataban de encontrar pruebas claras de su existencia, documentándolo muy poco a poco.
Esa imagen, la del arqueólogo llamando al timbre de un piso napolitano para bajar al sótano a buscar un teatro romano, es lo que diferencia a Nápoles de cualquier otro destino cultural de Europa. Aquí la historia no está detrás de un cordón de terciopelo. Está debajo de la cama.
Lo que la guerra devolvió a la luz
Durante la visita se puede ver el antiguo acueducto que abasteció de agua a la ciudad durante 23 siglos, el teatro grecoromano y las alcantarillas del período borbónico adornadas con los llamados riggiole, los característicos azulejos azules. También se descubre cómo estos túneles sirvieron de refugio para unas 40.000 personas durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Cuarenta mil personas viviendo en las entrañas de la ciudad. Con sus muebles, sus fotos, sus miedos. Los visitantes de hoy pueden ver incluso muebles del siglo XX de quienes usaron estos espacios como refugio antiaéreo.
La guerra, paradójicamente, fue lo que salvó estas galerías de la destrucción definitiva. A principios del siglo XX se dejó de excavar en el subsuelo para el abastecimiento de agua, abandonando una red de dos millones de metros cúbicos que atravesaba la ciudad. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y los bombardeos devolvieron importancia al subsuelo, cuyos túneles fueron utilizados como refugios antiaéreos. Sin ese uso de emergencia, probablemente habrían quedado sepultados para siempre.
Y Nápoles no es la única ciudad europea que guarda este tipo de secretos bajo sus calles. Durante las obras de restauración realizadas en marzo de 2025 en el Museo de las Veletas de Cáceres, los trabajos arqueológicos permitieron redescubrir una estructura conocida como la Galería de la Victoria. El hallazgo volvió a poner sobre la mesa una cuestión que lleva generaciones intrigando a historiadores y vecinos: ¿cuántos túneles permanecen todavía ocultos bajo la ciudad? Mientras miles de visitantes recorren cada año la Ciudad Monumental de Cáceres mirando fachadas, escudos nobiliarios y torres defensivas, bajo sus pies podría extenderse una red de galerías, pasadizos y construcciones subterráneas que todavía siguen despertando preguntas.
Cómo descender a la Nápoles invisible
El recorrido oficial te transporta a 40 metros bajo tierra, donde puedes descubrir antiguas canteras de toba volcánica, acueductos romanos y refugios antiaéreos en un viaje por más de 2.400 años de historia. La entrada principal del recorrido oficial está en Piazza San Gaetano, en el corazón del centro histórico. La visita dura aproximadamente hora y media y, dado que el acceso solo es posible con guía autorizado, conviene reservar con antelación, especialmente en temporada alta.
El turismo subterráneo se ha consolidado como una tendencia en crecimiento, ofreciendo una perspectiva sobre guerras olvidadas, resiliencia urbana y expresiones culturales alternativas. A lo largo de Europa, redes de túneles, catacumbas y búnkeres dan testimonio silencioso de siglos de historia. Pero pocas ciudades concentran tanta densidad histórica en tan poco espacio como Nápoles. Aquí, cada estrato del subsuelo corresponde a una civilización diferente que pasó, construyó, sobrevivió y siguió adelante.
Vale la pena plantearse una pregunta antes de volver a superficie: si la Nápoles que vemos a la luz del día ya es abrumadora, ¿qué dice de nosotros el hecho de que hayamos tardado tanto en mirar hacia abajo?
Sources : lvdmagazine.es | muyinteresante.okdiario.com