Tengo suficiente información. Ahora redactaré el artículo.
Bajé del avión convencida de que, tras el control de pasaportes de rigor, encontraría la típica fila de taxis esperando en la puerta. Craso error. En Bora Bora no hay puerta de terminal que dé a una carretera, ni una sola línea de asfalto que conecte el aeropuerto con el resto de la isla. Lo que hay, en cambio, es agua por todas partes, y esa fue la primera pista de que mi llegada a este rincón de la Polinesia Francesa no se parecería en nada a lo que había vivido antes.
Lo esencial
- El aeropuerto de Bora Bora está ubicado en Motu Mute, un islote completamente aislado sin acceso terrestre
- No existen taxis, autobuses ni carreteras conectando el aeropuerto con la isla principal o los resorts
- El traslado obligatorio en barco se convierte en el recuerdo más mágico antes de llegar al hotel
Un aeropuerto que en realidad es un islote
La explicación es tan sencilla como sorprendente: el aeropuerto de Bora Bora (BOB) está en un pequeño islote exterior llamado Motu Mute, completamente separado de la isla principal y de todos los resorts. No es una simple curiosidad geográfica, es la razón de ser de todo el sistema de transporte de la isla. Situado en una pequeña isla al norte de la isla principal, se construyó en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, y hoy es un importante centro turístico de la Polinesia Francesa.
Cuando planificaba el viaje, di por hecho que existiría al menos una carretera de emergencia, un puente, algo. Nada de eso. El aeropuerto sits on Motu Mute, un islote separado de la isla principal, sin conexión por carretera, así que cada pasajero que llega debe tomar un barco para llegar a Bora Bora propiamente dicha o a su resort. Dicho de forma más gráfica: mi maleta y yo estábamos, literalmente, rodeadas de laguna turquesa sin ninguna posibilidad de subirnos a un coche.
Por qué ningún taxi puede venir a buscarte
Aquí es donde entendí de verdad la lógica del lugar. Los traslados a los resorts de Bora Bora son esenciales para llegar al hotel, porque el aeropuerto está en su propia pequeña isla en la laguna, así que no puedes parar un taxi ni pedir un Uber. No es que falte oferta de transporte terrestre, es que el concepto mismo de «carretera hasta el aeropuerto» no existe en esta isla. La parte más singular de la experiencia en el aeropuerto de Motu Mute es que no hay taxis, autobuses, trenes ni plataformas de coche compartido que conecten con el centro de Bora Bora, porque el aeropuerto está en un islote y la isla principal está al otro lado de la laguna: la única forma de llegar es por agua.
Confieso que durante unos segundos me sentí un poco perdida, mirando a mi alrededor buscando una señal de «salida» que llevara a algún tipo de vía asfaltada. En su lugar, lo que vi fue un pequeño muelle de madera, embarcaciones amarradas y un grupo de empleados con collares de flores esperando a los pasajeros. Cuando tu vuelo aterriza en Motu Mute, recoges el equipaje, sales y subes a un barco, sin más trámite que ese.
La travesía que se convierte en el primer recuerdo del viaje
Lo que en cualquier otro destino sería un simple trayecto de transfer, aquí se transforma en la antesala perfecta de las vacaciones. Esta travesía es, para muchos, el primer momento mágico del viaje, y entiendo perfectamente por qué. Ver el agua pasar de azul intenso a ese turquesa casi irreal mientras te acercas a la isla principal tiene algo de ritual de bienvenida que ningún taxi terrestre podría ofrecer jamás.
Existen, básicamente, dos maneras de resolver ese primer tramo. Si te alojas en el pueblo de Vaitape o cerca de él, la opción más habitual y económica es el traslado en barco gratuito de Air Tahiti a bordo del llamado «Bora Bora Navette» hasta el puerto de Vaitape, un trayecto de unos veinte minutos hasta la isla principal. Desde allí, ya se puede seguir en taxi, bicicleta o el propio transporte del hotel.
Pero si tu reserva es en uno de esos resorts de lujo instalados sobre pilotes en medio de la laguna (la imagen que probablemente todos tenemos en la cabeza cuando pensamos en Bora Bora), el trayecto cambia por completo. Muchos de los resorts están en motus exteriores, así que esta es la forma más rápida y sencilla de llegar desde el aeropuerto hasta el alojamiento: una lancha privada del propio hotel te recoge directamente en el muelle del aeropuerto y te lleva hasta la puerta de tu bungaló, sin pasar por Vaitape ni por ninguna carretera.
Conviene tener esto claro antes de hacer las maletas, porque improvisar sobre el terreno puede complicarse. No hay autobuses, no hay taxis en el aeropuerto y no hay conexión por carretera entre el aeropuerto, los resorts y la isla principal: cada traslado debe organizarse con antelación, ya sea a través del hotel, de un operador privado o del transbordador gratuito de la aerolínea hasta Vaitape. Para quienes prefieren más flexibilidad, también existe la opción de un taxi acuático privado, aunque quienes prefieran más flexibilidad o lleguen a un alojamiento sin traslado propio pueden encontrar taxis acuáticos en el muelle del aeropuerto, aunque los precios pueden ser algo elevados.
Lo que en un primer momento interpreté como un problema logístico terminó siendo, sin exagerar, uno de los mejores minutos de todo el viaje: ese instante suspendido entre el aeropuerto y la isla, con el motor de la lancha de fondo y el agua cambiando de color bajo el casco. Y ahora me pregunto cuántos otros destinos del mundo esconden ese mismo tipo de sorpresa, esos lugares donde la «normalidad» del viajero (un taxi, una carretera, una fila ordenada) simplemente no aplica, y donde precisamente por eso el viaje empieza a merecer la pena antes incluso de llegar al hotel.
Sources : tripadvisor.co | tripadvisor.es