Llegué a El Cairo con la tarjeta en la mano para pagar el visado de 25 dólares: en la ventanilla de antes del control entendí lo que no me iban a aceptar

Aterricé en El Cairo con la sensación de tenerlo todo controlado. Pasaporte con la validez de rigor, hotel confirmado, y esa tarjeta de crédito que había usado en medio mundo sin ningún problema. Lo que no sabía era que en la ventanilla previa al control de pasaportes, ese pedazo de plástico iba a convertirse en un objeto completamente inútil.

La escena es más habitual de lo que parece. Nada más bajar del avión, antes incluso de llegar a los mostradores de inmigración, te encuentras con unas casetas bancarias donde se compra el sello de entrada al país. Ahí es donde entendí, con la tarjeta todavía en la mano, que aquel trámite se iba a resolver únicamente con billetes.

Lo esencial

  • Una tarjeta de crédito internacional resulta inútil en un lugar específico del aeropuerto de El Cairo
  • El sistema de pago del visado funciona de formas diferentes según la terminal y el mostrador
  • El precio del visado acaba de cambiar en 2026, y no es lo único que sorprende a los viajeros

La escena que casi todos los viajeros repiten en El Cairo

Lo primero que llama la atención al llegar es que la venta del visado no ocurre en el control de pasaportes, sino un poco antes, en unas ventanillas gestionadas por bancos egipcios. Antes de pasar el control de pasaportes hay unas ventanillas o bancos específicos para la venta de visados, donde se pagan los dólares en efectivo y se entrega una etiqueta que se pega en el pasaporte. Nadie te avisa con antelación de que ese paso existe hasta que lo tienes delante, y en ese instante entiendes que el plan B con la tarjeta se queda corto.

Por qué el efectivo sigue mandando ahí es una pregunta que me hice mientras hacía cola. La respuesta tiene que ver con cómo funcionan realmente esas casetas. Dependiendo de la terminal de llegada hay hasta media docena de mostradores bancarios que venden las pegatinas de visado, y se puede pagar en efectivo (dólares, libras esterlinas o euros) o con tarjeta, aunque no todos los mostradores aceptan tarjetas, y algunos directamente ya no aceptan efectivo. La lotería está servida: puedes tocarte la ventanilla equivocada y perder minutos preciosos buscando otra que sí acepte tu forma de pago.

Otros viajeros que han pasado por lo mismo lo resumen sin rodeos: hay que pagar en efectivo, porque a veces no tienen cambio y las máquinas de tarjeta no siempre funcionan. Así que no es una anécdota aislada ni mala suerte puntual. Es, simplemente, cómo funciona el sistema la mayoría de las veces.

Cuánto cuesta realmente y qué ha cambiado este año

Durante años, el precio de referencia para el visado de entrada única fue de 25 dólares, la misma cifra que aparece en la mayoría de guías de viaje. Pero hay una actualización que conviene tener en cuenta si vuelas a Egipto ahora mismo: las autoridades egipcias anunciaron oficialmente una revisión de las tasas de visado turístico a la llegada, que pasó de 30 dólares en lugar de 25, con efecto desde el 1 de marzo de 2026. Es decir, si tu experiencia fue como la mía, con los 25 dólares todavía vigentes, hoy tendrás que sumar cinco dólares más al presupuesto.

El cambio no ha alterado la lógica del trámite, solo la cifra. Desde marzo de 2026, la e-visa y el visado a la llegada cuestan lo mismo, 30 dólares, después de que el visado a la llegada subiera de 25 a 30 dólares el 1 de marzo de 2026. Así que ya no existe esa pequeña ventaja de ahorro que antes tenía tramitarlo todo desde casa: la diferencia real está en el tiempo, no en el precio.

Sobre el pago en sí, conviene ir con la calderilla mental ya hecha. El precio en euros fluctúa según el tipo de cambio del día pero suele rondar los 23-25 euros, y como el cambio suele darse en libras egipcias, es muy recomendable llevar la cantidad exacta en efectivo para evitar perder dinero en el cambio. A mí me tocó pagar con un billete grande y recibir la vuelta en moneda local que después no supe muy bien dónde gastar antes de salir del país.

Cómo evitar pasar por lo mismo la próxima vez

La alternativa existe, y es sencilla de explicar aunque a veces cueste encontrarla entre tantas webs no oficiales. Hay páginas no gubernamentales, normalmente agencias de viajes, que cobran más por los visados y que básicamente están aprovechándose, así que conviene ceñirse siempre al sitio oficial y no pagar más de 25 dólares por un visado de entrada única (ahora, con la subida, la referencia son los 30 dólares). El portal gubernamental permite solicitar el visado electrónico antes de viajar, pagando con tarjeta desde casa, sin colas ni sorpresas de última hora.

Lo curioso es que muchos viajeros españoles siguen prefiriendo resolverlo en el aeropuerto, casi por inercia o por no haberlo gestionado a tiempo. Tiene su lógica: llegas cansado de un vuelo largo, la cola de inmigración avanza y piensas que sacar el visado allí mismo será cuestión de segundos. La realidad es que en temporada alta esa cola puede alargarse bastante, y encima toca hacer otra cola distinta, la del banco, antes de llegar a la definitiva.

Si algo saqué en claro de aquel día en El Cairo es que la tarjeta, por muy internacional y sin comisiones que sea, no sirve de nada frente a un sistema que sigue funcionando en parte con el dinero físico. Llevar unos dólares limpios y sin arrugas en el bolsillo de mano, separados del resto del equipaje, se convierte en el gesto que marca la diferencia entre entrar sin sobresaltos o quedarte mirando la ventanilla preguntándote qué has hecho mal.

Lo que me pregunto ahora, cada vez que planeo un viaje a un país con fama de burocracia particular, es cuántas veces más me va a tocar aprender la lección a la fuerza, con la tarjeta en la mano y el reloj del vuelo de conexión corriendo en contra.