« Pensaba que era solo un paseo » : por qué recorrer los senderos de Cinque Terre en chanclas puede costarte hasta 2.500 €

Imagínate la escena: acabas de bajar del tren en Vernazza, el sol pega fuerte, llevas puestas las chanclas que compraste para la playa y decides «dar un paseíto» hasta el pueblo de al lado. Media hora después estás agarrada a una roca, con el tobillo torcido, esperando a que alguien te saque de ahí. No es una exageración de guion de telefilm: es exactamente lo que lleva pasando en Cinque Terre desde hace años, y por eso el parque nacional se ha cansado y ha puesto precio al despiste.

La cifra suena a broma hasta que la confirmas: la sanción por incumplir la ordenanza impuesta por las autoridades del espacio de Cinque Terre puede ir desde los 50 hasta los 2.500 euros. No es una multa simbólica ni un cartel disuasorio que nadie aplica. Los guardas del parque comprueban el calzado en los accesos a los senderos y, si llevas chanclas, sandalias planas o esos zapatos de tacón que combinaban tan bien con el vestido de verano, pueden pararte antes de que empieces a caminar.

Lo esencial

  • Un simple ‘paseo’ turístico se cobra decenas de rescates en helicóptero cada año
  • Las fotos de Instagram ocultan escalones peligrosos y acantilados sin protección
  • Las autoridades comprueban tu calzado: ¿llevas chanclas? Prepárate para la multa

Por qué un pueblo con encanto se ha convertido en una montaña con vistas al mar

El malentendido tiene un nombre y una explicación muy humana. Según el propio director del parque, los excursionistas subestiman la ruta y no portan un equipo mínimamente adecuado, porque muchos piensan que están en el mar, cuando en realidad el terreno tiene todos los inconvenientes de una montaña de verdad. Las fotos de Instagram no ayudan: casas de colores, agua turquesa, alguien con un Aperol Spritz en la mano. Lo que esas imágenes nunca muestran son los tramos de piedra suelta, los escalones desiguales y los bordes sin protección que conectan los cinco pueblos entre sí.

El tramo entre Vernazza y Monterosso, uno de los más fotografiados, resulta especialmente engañoso. No llega a los cuatro kilómetros, pero incluye unos 217 metros de desnivel acumulado y se tarda alrededor de dos horas en completarlo. No es un paseo de after sunset con copa en mano, es una caminata que exige piernas, equilibrio y, sobre todo, un calzado que agarre bien sobre roca húmeda.

La consecuencia de tanta chancla optimista ha sido un goteo constante de rescates. Un piloto de helicóptero de emergencias lo resumía sin rodeos hace ya unos años: usan el helicóptero para rescatar a muchos turistas, que suelen haberse caído por el camino o haberse lesionado por falta de experiencia o de equipo. Y esos rescates no son gratis para nadie: los servicios de rescate en helicóptero pueden costar hasta 5.000 euros por hora a las arcas públicas. De ahí que la multa por chanclas no sea un capricho burocrático, sino una forma de repartir la factura de tanto rescate evitable.

Qué calzado te libra realmente del disgusto

La normativa del parque no deja mucho margen para la interpretación creativa. El propio manual del senderista lo dice con la contundencia de un cartel de obra: está prohibido el calzado abierto o de suela lisa, y quien lo incumpla se expone a sanciones según la legislación italiana de parques naturales. En la práctica, esto se traduce en algo bastante sencillo de recordar: si no te lo pondrías para subir a un monte en España, no te lo pongas aquí.

Botas de trekking ligeras o zapatillas deportivas con suela de agarre tipo Vibram son la apuesta segura. Nada de sandalias con tiras, nada de bailarinas, nada de esas zapatillas de lona planas que parecen cómodas hasta que pisas la primera piedra mojada. Conviene aclarar, eso sí, que la prohibición no persigue a nadie por el pueblo: las chanclas no están prohibidas en todo Cinque Terre, se pueden llevar por las calles, el paseo marítimo y la playa sin problema; la restricción empieza quien deja el asfalto y entra en la red de senderos señalizados del parque. El límite está muy claro: en cuanto pisas tierra, roca o el primer escalón de piedra del sendero, el reloj de la multa potencial empieza a correr.

Las multas más altas, por cierto, no se reparten a la ligera. La cantidad máxima está asociada a situaciones graves y rescates costosos, no a un guarda escondido detrás de un limonero que sanciona cualquier dedo asomado. La mayoría de los casos reales se mueven en la banda baja, pero el riesgo de acabar en la banda alta existe, y basta un tobillo torcido en mal sitio para comprobarlo.

Lo que nadie te cuenta antes de hacer la maleta

Más allá del calzado, el parque ha ido añadiendo capas de gestión que conviene conocer antes de subirte al tren regional que conecta los cinco pueblos. Para acceder a buena parte de los senderos hace falta la Cinque Terre Trekking Card, y su precio ya no es fijo: varía según la afluencia prevista del día, con jornadas clasificadas por colores. Además, tramos tan populares como el sendero costero entre Manarola y Corniglia siguen cerrados por inestabilidad del terreno, así que merece la pena consultar el estado de las rutas antes de planificar el itinerario, no cuando ya estás allí con la mochila puesta.

Lo curioso es que estas medidas, pensadas para proteger a los visitantes y a los propios pueblos, están teniendo un efecto colateral que nadie había calculado del todo: algunos municipios de la zona han notado un descenso notable de pernoctaciones respecto al año anterior, y el debate sobre si el turismo masivo se gestiona mejor con restricciones o con educación sigue abierto. Puede que la próxima vez que planees un viaje a un lugar que «parece solo un paseo junto al mar», valga la pena preguntarse qué fotos no está mostrando esa postal tan perfecta.